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Elementos y Flash, dos grandes estrenos de cine

Esta semana que comienza el frio

 

“Elementos” (”Elemental”), producción de Pixar dirigida por Peter Sohn.

Tras su presentación como película de clausura del reciente Festival de Cannes, llega a los cines de todo el mundo la nueva producción de la factoría Pixar.

Elementos (Elemental, Estados Unidos/2023). Dirección: Peter Sohn. Guion: John Hobert, Kat Likkel y Brenda Hsueh. Fotografía: David Juan Bianchi y Jean-Claude Kalache. Edición: Stephen Schaffer. Música: Thomas Newman. Duración: 103 minutos. Apta para todo público. Previamente se exhibe el cortometraje La cita de Carl (8 minutos).


Desde hace tiempo que Pixar no es lo que era. Sus películas siguen siendo prodigios visuales, obras maestras en términos de plantearse y superar desafíos en el campo de la animación, pero parecen haber perdido buena parte de la empatía, la eficacia, la sensibilidad para conectar con el público desde un lugar más puro y genuino.

Elementos sigue la línea de historias más abstractas de Pixar (Intensa Mente, Soul), pero el guion, que combina alegorías sobre los inmigrantes con una historia de amor, nunca termina de funcionar del todo.

La creación del universo de Element City / Ciudad Elementos es realmente impactante. Una ciudad futurista y ficticia (aunque también con algo de Nueva York) en la que conviven los habitantes del fuego, el agua, la tierra y el aire. Los tres últimos grupos se han integrado, pero el del fuego, con sus llamas por momentos inmanejables que las convierten en seres riesgosos, permanecen aislados.

La heroína de Elementos es Ember, una joven inteligente a la que le cuesta manejar las emociones. Su padre Bernie está a punto de jubilarse y quiere que ella se haga cargo del negocio y, si bien Ember trata de ayudar (con resultados muchas veces catastróficos), en verdad la protagonista quiere ser independiente, dedicarse al arte y armar su mundo por fuera de los mandatos paternos. Y la mencionada historia de amor es con Wade: cómo podrá una relación entre una muchacha de fuego y un chico de agua es parte del asunto que abordará el film de Peter Sohn (Un gran dinosaurio).

El concepto original es ingenioso, la narración tiene vértigo y espectacularidad, el romance y la relación padre-hija tienen sus momentos sensibles, pero Elementos nunca llega a fascinar, seducir, enganchar a un público que, más allá de deleitarse con la calidad de la animación, quiere divertirse y emocionarse con este tipo de historias. Pixar ya lo logró muchas veces. Ojalá lo vuelva a conseguir.

 

“Flash” (“The Flash”), de Andy Muschietti, con Ezra Miller

El superhéroe más veloz del universo DC tiene finalmente su película standalone dirigida por el argentino Andy Muschietti (el mismo de Mamá y de las dos entregas de It / Eso), aunque con el aporte de otras figuras más populares de esa factoría como Batman y la aparición de múltiples cameos destinados a la celebración de los fans.

Flash (The Flash, Estados Unidos/2023). Dirección: Andy Muschietti. Elenco: Ezra Miller, Michael Keaton, Sasha Calle, Michael Shannon, Ron Livingston, Maribel Verdú, Kiersey Clemons, Jeremy Irons y Antje Traue. Guion: Christina Hodson. Fotografía: Henry Braham. Edición: Jason Ballantine y Paul Machliss. Música: Benjamin Wallfisch. Distribuidora: Warner Bros. Duración: 144 minutos. Apta para mayores de 13 años.

Atención: esta reseña contiene algunos spoilers.

Cuando una primera versión de Flash se exhibió a fines de abril último en CinemaCon (el encuentro más importante que reúne a los dueños de salas) surgió a modo de consenso que se trataba de una película poco menos que revolucionaria, destinada a cambiar para siempre el curso del universo extendido de DC en particular y el cine de superhéroes en general. Bueno, no. Fue simplemente el ejemplo perfecto de una maquinaria promocional muy bien montada para generar expectativa (buzz, hype y todos esos términos tan propios del marketing). La verdad es que es un film más, del montón, profesional en el mejor y el peor sentido del término, que tiene algunas buenas secuencias, un montón de lugares comunes de estos tiempos de multiverso, jueguitos para la alteración de los tiempos (efecto mariposa), mucho chiste subrayado para la celebración adolescente y unos cuantos cameos de actores famosos en personajes ídem que funcionan más a nivel nostálgico que cinematográfico.

Barry Allen (Ezra Miller) llega tarde (como casi siempre) a su trabajo como criminalista forense en Central City y a los pocos minutos recibe una llamada de urgencia de Alfred (sí, el mayordomo de Bruce Wayne interpretado por Jeremy Irons) para que ayude a Batman (Ben Affleck) porque alguien ha robado un peligroso virus del hospital de Ciudad Gótica, cuyo edificio además se está derrumbando con decenas de bebés cayendo al vacío desde la maternidad del lugar. Es un arranque a puro vértigo e intensidad, con Flash evitando un colapso y con la presencia desde el inicio de un personaje clave de DC como Batman.

Pero el guion de Christina Hodson (Bumblebee, Aves de presa y la fantabulosa emancipación de una Harley Quinn) pronto incursionará en los mismos recursos de siempre del subgénero viajes en (y modificaciones de) el tiempo. Barry sigue sufriendo el trauma por el asesinato de su adorada madre Nora (la española Maribel Verdú). Su padre Henry (Ron Livingston) ha salido a comprar una lata de tomates a un supermercado y cuando regresa su esposa yace muerta. La policía lo acusa del crimen y es enviado a prisión. Barry no puede soportar el dolor y la injusticia y viaja al pasado para cambiar el curso de los hechos generando, claro, un caos inmanejable. Como, por ejemplo, que Eric Stoltz es el protagonista de Volver al futuro; Michael J. Fox, el de Footloose; y Kevin Bacon, el de Top Gun. Sí, todo muy sutil...

Barry comenzará a interactuar en dupla con su yo de 18 años, sorprenderá la vuelta de un veterano Bruce Wayne a cargo del gran Michael Keaton, reaparecerá un villano de fuste (el General Zod, némesis de Superman, a cargo de Michael Shannon) y surgirá una heroína como Kara Zor-El, a.k.a. Supergirl (convincente debut en pantalla grande de Sasha Calle), pero más allá de la adrenalina y los múltiples guiños para los fans (hay otros regresos famosos que no adelantaremos), Flash deja una sensación de permanente acumulación, dispersión y deriva, como si en sus casi dos horas y media convivieran no siempre con armonía tensiones entre distintas sub-películas. No siempre se pueden llenar todos los casilleros.

En medio de esas fuertes contradicciones internas, el argentino Muschietti demuestra que al menos puede dirigir con coherencia distintas set-pieces y conseguir que el humor físico de Ezra Miller funcione con bastante eficacia. No, no ha hecho una película parteaguas, pero luego de Mamá y la saga de It (Eso) se consolida como un realizador que puede salir airoso de los desafíos que imponen las grandes ligas de Hollywood.

 

ROSARIO CLIMA

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